Por Paul Battistón.-
No conoció la revolución, nació después de ella. Su familia fue desgraciada por el purgado de su padre del partido (las ventajas de un partido único). Literalmente un destierro del mundo de los privilegios que los dejo viviendo en su propia tierra como extranjeros del PC. Parias cultivadores de la tierra habitando una casa de tierra, el destierro de la pertenencia.
Xi logró superar el rechazo hereditario recién en 1974 su persistencia traspasó el blindaje y accedió al PC y con esa misma persistencia lo atravesó todo. Hoy es el ingeniero químico que domina la vida de casi 1400 millones de partidarios y apartidarios (incluidos y excluidos del partido). Recibió ese contexto del retorno del incentivo propiciado por Deng que desembocaría en un capitalismo desenfrenado en un escenario supuestamente adverso al mismo, sin libertad política. Pero a quién le importaría la libertad política si nunca la tuvieron. Hoy es confuso sindicarlos como comunistas, quizás más acertado es verlo como el imperio que siempre fue solo que ahora el emperador alcanza el mérito de serlo en una particular plutocracia de pureza ideológica en lugar del viejo mérito sanguíneo. Nunca estuvieron preparados para lo de una república y lo de Mao fue la desgracia acercada por el idiota carismático de ideas reducidas a infantilismo perverso. China será siempre un imperio con repentinos impulsos, una molestia, un reclamante de respeto, una confusa apatía envolvente de una perfecta coordinación enérgica.
Nació después de la guerra justo cuando el sueño Americano indicaba el camino a ser rico como el de la felicidad. Su familia lo era, construía para esa clase media alta con aspiraciones de más ascenso. La educación privada que recibió Donald no lo privó de una indisciplina de niño rico que ponía en riesgo su futuro. Una academia militar se encargaría de reconvertirla en tenacidad. En el 71 asumió el control de la empresa familiar y la direcciono hacia la satisfacción de quienes buscaban lujo, justo ahí donde el dinero se palpaba en un orden de magnitud superior
Estando quebrado resurgió de una profundidad de la que parecía imposible de remontar. Nadie contaba que Donald usaría ese activo oculto a la vista de todos, su nombre. Trump ya era sinónimo de riqueza por sí solo, su sola mención la creaba
Tanto Xi como Donald entienden del rechazo y de resurgir. Ninguno de los dos ha puesto freno al enriquecimiento como motor para más crecimiento. El supuesto comunista Xi es casi con certeza más rico que Donald, lo cual no tiene ninguna importancia, nadie está en posición de objetárselo cuando 800 millones han salido de la pobreza y de ellos 300 millones han alcanzado la categoría de ricos. Él es quien puede objetar la corrupción y hacer uso de su existencia como freno de figuras en posible competitivo ascenso.
Donald es rico de cabotaje (inmobiliario) rodeados de ricos superlativos y de figuras que aun sin grandes posibilidades de ascenso político se valdrán del husmeo de la corrupción para bajarlo (ya todo intento entró en destiempo).
Trump necesita buenos resultados para reafirmar con los números de apoyo su último tramo de construcción de la fortaleza de occidentalidad (el riesgo no viene desde el pacifico, viene desde el otro lado del atlántico).
Xi necesita recomponer números en declive y absoluta firmeza para evitar cualquier nucleación dentro de ese partido único que le resistió su ingreso durante prolongado tiempo (su espina molesta Taiwán y el riesgo de que ya no se sientan orientales convirtiéndose en un anticuerpo).
Las sinuosidades y salientes encajan como si ambos fueran piezas de un puzzle. Solo quedarían 2 años de este rápido proceso de armado de este escenario. En ese tiempo Trump debería irse, Xi no tendría por qué hacerlo. El entrelazamiento de las potencias sin objeciones de las cuestiones políticas es una forma de asegurar la paz, el crecimiento de ambos lados y una disparada exponencial del progreso científico y tecnológico.
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