Por Carlos Tórtora.-

Es significativo que sea Luis Caputo el funcionario que le reclama más enfáticamente a Javier Milei que le pida la renuncia a Manuel Adorni. Sus argumentos son atendibles: el escándalo es lo suficientemente importante como para inquietar a los mercados y provocar llamadas desde Washington y distintos bancos. También es suficiente como para influir en el comportamiento del riesgo país.

Después de todo, vistas las cosas desde la formalidad, Adorni es el jefe de la administración y la segunda autoridad del gobierno, ya que Victoria Villarruel no integra el poder ejecutivo.

En el despacho de Karina percibirían claramente que el ministro de economía es la única figura del gobierno que ella no puede voltear. Así es que ya hay karinistas que tratan de cuestionar las intenciones de Caputo. Explican que éste está construyendo una plataforma para culpar al ruido político y la dictadura de Karina por el fracaso del programa económico y sobre todo por la paralización de la economía.

Siguiendo esta línea de razonamiento, dicen también que si esto sigue así Caputo terminaría renunciando no sin antes echarle la culpa a Karina y los Menem.

Obviamente, a Caputo no se le escapa que la permanencia de Adorni en su cargo es una decisión del presidente.

Empezando el despegue

La situación de Patricia Bullrich es bastante más compleja que la de Caputo pero también se va diferenciando de Milei. La senadora hace equilibrio entre dos roles: ser la operadora presidencial en el Senado y candidata a vicepresidente o a jefa de gobierno o bien convertirse en candidata a presidente en caso de derrumbarse Milei.

Un episodio ocurrido la semana pasada revela hasta qué punto Bullrich trata de posicionarse en el Círculo Rojo. Milei le ordenó a ARCA que le iniciara una denuncia penal por evasión a Buenos Aires Arena, propietaria de Movistar Arena, por haber evadido 2360 millones de pesos mediante la manipulación de su declaración de ganancias del 2023. La firma en cuestión integra el grupo La Nación y, obviamente, el presidente estaba así judicializando su guerra con el multimedios. Pero la ofensiva libertaria duró apenas unos días.

En tiempo récord, el juez Federal Marcos Aguinsky, cuya terminal política es Bullrich, archivó la denuncia por evasión contra Julio César Saguier. La senadora habría jugado entonces contra el propio presidente.

Pero no fue el único episodio. Karina despotricaba el jueves pasado contra Bullrich. La razón es que, mientras todos los operadores del gobierno se desesperaban por conseguir votos para sancionar la reforma electoral, ella se fue a Chile a visitar contactos políticos.

Pero ninguna de las maniobras que pueda intentar Bullrich alcanzarían para evitar lo que le está ocurriendo. Ya son varias las encuestas que marcan que el brusco descenso del presidente arrastra, aunque en menor medida, a la senadora. El eterno péndulo de los flujos políticos lleva ahora a buena parte de la clase media hacia Axel Kicillof y hasta Myriam Bregman y el espacio de la derecha empieza a comprimirse.

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