Por Carlos Tórtora.-

En las últimas 48 horas, Javier Milei dio nuevas muestras de descontrol político. En lugar de tratar de minimizar la rebelión de Patricia Bullrich y retomar el control de su gobierno, el presidente gritó desaforado en la reunión de gabinete dejando la impresión de que se está desangrando. En realidad, la situación es bastante grave. No por nada hay una tradición milenaria que hace de los senados el ámbito por excelencia de las conspiraciones. Ahora Bullrich, tal vez en tándem con Victoria Villarruel, puede condicionar el apoyo del bloque de senadores de LLA a los proyectos del gobierno. Y probablemente en Diputados haya una docena de bullrichistas, lo suficiente como para condicionar también al bloque libertario.

Entre mileístas y bullrichistas se están cruzando amenazas de escalar el conflicto. Karina explora la posibilidad de relevar a la exministra de seguridad de la presidencia del bloque y ésta, por su parte, está tejiendo la trama para reemplazar a Bartolomé Abdala en la presidencia provisional del Senado. Si lo logra, Bullrich se ubicaría en la línea de sucesión presidencial en caso de una renuncia de Milei y Villarruel.

Con este panorama por delante, hay que presumir que la gobernabilidad se va a deteriorar bastante en las próximas semanas, sobre todo si las encuestas confirman que se ha producido un nuevo escalón descendente del gobierno. Una cosa es la idea -ya instalada- de que Milei no estaría en condiciones de buscar su reelección y otra es la hipótesis de que tampoco podría llegar al 10 de diciembre del 2027 ejerciendo su cargo.

La batalla que se viene

Todo indica que el caso Adorni seguirá siendo el campo de batalla donde se definirá si Karina está en condiciones de conservar el poder o se viene un tembladeral que puede arrastrar también a su hermano. El jefe de Gabinete se aferró a la declaración jurada que presentaría próximamente y que aclararía el origen de los fondos usados para pagar sus millonarios gastos. Bullrich lo intimó a presentarla cuanto antes, pero en el despacho de Adorni no le encontrarían la vuelta.

A grandes rasgos, la idea oficial es que en la nueva declaración jurada aparezcan ingresos lo suficientemente significativos como para justificar los hasta ahora US$ 800.000 que Adorni gastó en los últimos dos años. El caso es que la nueva declaración sólo podría aclarar lo gastado en el 2025 pero de ningún modo lo del 2024, porque si no la declaración jurada del año pasado sería groseramente falsa. En cuanto al 2025, no le serviría demasiado a Adorni incluir el tercio del departamento en La Plata que heredara de su padre. Ni esta ni ninguna propiedad justificaría nada, porque no fueron vendidas, o sea que no generaron recurso alguno para pagar gastos. También sería sospechoso de fraude que Betina Angeletti, la esposa de Adorni, declare que tuvo enormes ganancias con sus negocios el año pasado. Para empezar, ella está inscripta como monotributista y, si ganó fortunas debió estar registrada de otro modo. Y, en definitiva, ¿cómo va a justificar la señora Adorni sus grandes ingresos, cuando todo indica que sólo tuvo contratos con el estado, lo que demostraría justamente que se enriqueció gracias al poder de su marido? Una trama como la descripta podría hacer presumir al fiscal Gerardo Pollicita que estaríamos ante maniobras dolosas para tratar de ocultar el enriquecimiento ilícito.

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