Por Carlos Tórtora.-
En pocas horas, varios de los gobernadores más cercanos al gobierno salieron a criticar -con distintos matices- el proyecto de reforma electoral del oficialismo. El más frontal fue el tucumano Osvaldo Jaldo y más moderados el catamarqueño Raúl Jalil y el salteño Gustavo Sáenz. La senadora nacional que es mano derecha de éste, Flavia Royón, fue por demás categórica. A esto hay que sumarle obviamente la oposición del PJ y de la UCR y la toma de distancia del PRO.
Sobre las causas de las críticas de los gobernadores en la mesa política del gobierno habría dos interpretaciones. La más optimista adjudicaría el problema a una maniobra de los mandatarios provinciales para cotizarse y poder exigir así mejores condiciones de negociación de apoyo económico federal para sus provincias.
Pero la segunda interpretación, más creíble a medida que pasan los días, es que el verdadero problema es otro: se estaría extendiendo en las provincias que Javier Milei se propone el año que viene arrebatarle varias gobernaciones al peronismo y que la reforma electoral es la trampa para que LLA se convierta en el nuevo partido hegemónico. Sin PASO, la oposición se vería privada de su mejor mecanismo para evitar crisis internas. Si se incorpora a la Boleta Única el casillero de lista completa, el efecto arrastre de la candidatura de Milei sería importante. En el caso de los Partidos nacionales, muchos de éstos caducarían si se les exige que sumen diez partidos de distrito. La suma es larga pero podemos decir que, si se habilita un mayor aporte económico privado, los socios empresarios del gobierno podrían empezar a controlar el mercado electoral.
En síntesis, las consecuencias prácticas de la reforma serían un verdadero suicidio para muchos gobernadores. De poco les serviría entonces a los gobernadores mejorar las cuentas provinciales si a cambio de ello terminan perdiendo el poder.
Ante el dilema
Como bien sabe Luis Caputo y con eso presiona a las provincias,que en su conjunto pasaron de un superávit del 1,1 en el 2024, a un déficit del 2,9 en el 2025, lo que no es poco.
Si la reforma electoral se cayera en el Congreso, Milei probablemente cierre más la canilla para vengarse de las provincias rebeldes
Como vienen perfilándose las cosas, los mandatarios dialoguistas enfrentan una opción cada vez más clara: deben elegir entre el suicidio político y el ahogo financiero.
Lo que hagan los caciques provinciales mucho va a depender de cómo se planten en las dos cámaras el PJ y la UCR. Ambos partidos están tanteando, por ejemplo, una negociación para que en vez de PASO haya PAS, es decir primarias no obligatorias. Pero esto le serviría poco y nada a Milei porque Axel Kicillof y Mauricio Macri sí propician sus respectivas primarias.
Con final abierto, la batalla de la reforma recién empieza y es muy difícil que termine con un acuerdo.
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