Por Carlos Tórtora.-

La CGT finalmente descartó convocar a un paro y en cambio organizará una movilización para el lunes en Tribunales, anunciando que entonces hará la primera presentación judicial contra la ley de reforma laboral que se sancionaría hoy.

No hay duda de que la CGT está actuando frente al creciente riesgo de una ruptura. Indicio de esto es que hoy el FRESU (Frente Sindical Unidos), que reúne sindicatos del transporte, estatales, energía y movimientos sociales, hará un paro con movilización al Congreso. En vista de la situación, es difícil pensar que la cúpula cegetista no pague un alto costo por la sanción de la reforma laboral. Así es que las versiones acerca de la fractura de la central obrera se están multiplicando.

En medio de este tembladeral, el triunvirato cegetista corrió hacia adelante y da por iniciada la batalla judicial. En la práctica, esto tiene una cuota importante de marketing. Si la ley fuera sancionada hoy, pasarían al menos un par de días hasta que el Congreso la remita al Poder Ejecutivo. Y luego pasarían varios días más entre que Javier Milei la promulgue y se publique en el boletín. Si el texto de la ley establece un plazo para su entrada en vigencia, correrá ese plazo y si no tendrá efecto lo dispuesto por el artículo 5 del Código Civil, es decir, la vigencia a partir del octavo día de su publicación en el boletín oficial.

Cómo contener la crisis

Como es obvio, ningún juzgado puede aceptar una presentación judicial contra una ley que todavía no está vigente. Así es que las primeras acciones judiciales del sindicalismo tendrán lugar dentro de dos o tres semanas y no el lunes que viene, como anuncian los caciques gremiales.

En esta carrera para contener el desborde interno, la CGT necesita aunque sea el dictado de una medida cautelar que suspenda la aplicación de la ley. Este éxito judicial, aunque fuera provisorio, le alcanzaría al sindicalismo para proclamar que le están torciendo el brazo al gobierno.

De fracasar esta estrategia, por ejemplo porque no haya ningún fallo, podría darse el escenario que más le conviene a Milei: esto es, que la CGT se fracture o que se forme una nueva central con un sesgo más de izquierda.

La aparición en primer plano de un sindicalismo combativo satisfaría la dialéctica del gobierno de identificar a la oposición con el comunismo y facilitaría además la ofensiva libertaria contra un sindicalismo dividido.

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