Por Carlos Tórtora.-
Durante casi tres meses el caso Adorni canalizó el profundo disgusto social con la gestión de Javier Milei y ratificó la vigencia de una de las constantes de la política argentina: la corrupción se vuelve importante sólo cuando la economía está en crisis. Escándalos mucho más voluminosos, como los casos de $LIBRA y ANDIS estallaron en mejores momentos de la economía y no provocaron la conmoción simbolizada en la frivolidad menor de una cascada.
Objetivamente, la situación de Adorni es ahora más crítica que unos días atrás. Se conoció ayer una investigación de Hugo Alconada Mon que determina que, desde diciembre de 2023,el monto total de lo gastado por el matrimonio Adorni con las tarjetas American Express, Visa y Master Card, asciende a 176 millones de pesos.
Pero el dato central es otro: no hay ni señales de la declaración jurada patrimonial con la cual el jefe de Gabinete prometió que iba a aclarar sus cuentas. Con total cinismo, comentó que daría a conocer su declaración más cerca del inicio del Mundial.
El gobierno, y en particular Javier Milei, está en un callejón sin salida, porque quedan pocas dudas acerca de que la declaración jurada será un ejercicio de contabilidad creativa, probablemente repleta de falsedades tratando de demostrar lo indemostrable: que no hubo enriquecimiento ilícito. Pero para poder demostrar que una vez más Adorni intenta eludir los controles, la fiscalía de Gerardo Pollicita necesitará tiempo. Y esto es lo que el gobierno necesita. Si la selección ganara el Mundial o se percibieran señales de crecimiento del consumo, se confirmaría una vez más la alta tolerancia que la sociedad argentina tiene hacia la corrupción.
Victoria pírrica
En este momento, el gobierno puede anotarse un triunfo relativo. El caso Adorni ya no ocupa el lugar central en el espacio mediático. La vigencia del tema la sostienen los que han hecho de este tema su caballito de batalla, es decir Patricia Bullrich, Marcela Pagano, Victoria Villarruel y el núcleo de diputados de la oposición, entre los cuales no están los peronistas, con excepción de Rodolfo Tahilade.
En la próxima quincena se sabrá con certeza si el caso Adorni se desinfla y entonces Milei tuvo razón en resistirse a cambiarlo. Pero lo único irremontable son los costos económicos. El mundo financiero y empresario ya incorporó a su balance negativo sobre la Argentina, el hecho de que estamos ante uno de los gobiernos más corruptos de la historia y por lo tanto altamente infiable para inversiones o créditos.
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