Por Luis Alejandro Rizzi.-
Esta no es una nota deportiva, ni pretende ser contrafáctica, como lo hace sospechar el título. Me interesa el rol del “líder” y el grupo humano que conforma la selección argentina desde su técnico hasta el más humilde servidor.
No conozco la intimidad, ni me interesa; es vida privada. Me interesa el grupo, que lo sentimos como un conjunto de “buena gente”, y creo que éste es el principal valor de la selección; por eso pudo convocar tanta gente cuando ganó en Qatar.
No quiero caer en el eufemismos de decir que son perfectos. Deben tener sus miserias y temores, como es la vida, pero son espontáneos.
Lo más importante es que esta selección gana fuera de la cancha; es más que el resultado de un partido de fútbol, que en un torneo de sólo ocho partidos, tiene mucho de aleatorio.
Messi, a diferencia de otros grandes jugadores, es una suerte de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, hombre fuerte y valeroso.
Mas allá de su historia, para unos un simple mercenario, que se podría decir de Messi por la fortuna que supo acumular, en uno y otro hay una similitud, se convirtieron en leyenda, tanto en la literatura española, la leyenda del Cantar del Mio Cid como en la francesa por obra de Pierre Corneille, y Messi por sus virtudes humanas y futbolísticas.
En ambas historias, el honor se presenta como soporte de la autoridad y el valor de los principios, o los principios que surgen de los valores.
Es un poco nuestra paradoja, Messi es un “Cid” en la Argentina y representa lo que nos falta en la vida política, un hombre de honor.
No lo es, por cierto, Milei. Como no lo era Fernández ni lo son el Chiqui Tapia ni sus “socios”.·
Messi es la expresión de ese “super yo” nacional que ningún gobierno logra representar.
Otra paradoja, para el fútbolm Messi es viejo, tiene 39 años, sin embargo, siempre será un “purrete”.
¿Hubiera ganado la selección sin Messi? ¿A quién le importa…?
Messi es “nosotros”.
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