Por Paul Battistón.-
Poner una piedra en el camino de Milei es tarde o temprano correr el riesgo de que la misma vuelva como proyectil. Milei sigue siendo el mismo individuo aguerridamente arriesgado capaz de cargar contra sus oponentes con la lógica o la furia, o ambas al mismo tiempo.
Adorni y sus colateralidades se convirtieron en el impulso anticipado que inesperadamente mostró el previsible camino de Milei hacia un endurecimiento como muestra de poder. Es casi seguro que Milei arribará a las elecciones con un claro éxito económico de continuar la tendencia actual de los números y por lo tanto ya no será sólo una simple lucha de modelos sino que tendrá ante sí la necesidad de mostrarse como el poderoso dueño del éxito. Lo de poderoso es algo imprescindible para nuestra eterna necesidad de un presidencialismo fuerte (Fernando De La Rúa y Alberto Fernández dan fe de lo contrario).
Ceder ante los pedidos de remoción de Adorni le hubiera implicado regalar una total muestra de debilidad a la oposición más radical que se habría alzado con el premio de sentirse capaces de golpear el gabinete para provocar cambios y con ellos un debilitamiento creciente.
Sin dudas (por su firmeza) Milei está convencido de que el “daño” Adorni (iniciado con el viaje de su esposa en el avión oficial) es menor (y puede ser diluido aún más) que el daño que devendría de ceder en forma de debilidad ante una oposición de altura dudosa para arrojar piedras.
La imposibilidad de Adorni de seguir ejercitando su lengua karateca desde la vocería con el acortamiento de distancias (con sus golpeados oponentes) le da a Milei la primera oportunidad en el camino del endurecimiento hacia el 2027, la designación de Ravier para el reemplazo de Adorni como vocero ya es por fuera de toda interna, ni Karina, ni Santiago. El verticalismo ha comenzado a someter a sus ramas a un apretujamiento único.
Una cordura comunicacional regresada y la repentina desaparición de sarcásticas respuestas va a dejar a la prensa en una disyuntiva cuando sea embestida desde otros ángulos (algunos posiblemente nos recuerden al kirchnerismo). No hay motivo para que Milei olvide las largas horas de aire del caso Adorni y al mismo tiempo la subvaluada atención a los dólares de Insaurralde o el abanico de escándalo abierto con las SIRAS.
Milei ya ha expresado claramente sus consideraciones sobre los medios y, sin haberlo hecho tan gráficamente sobre la justicia, igual podemos deducirlas de lo fáctico. Ni hablar de cualquier posible intersección adversa de estos dos poderes.
En todo se huele un claro indicio del comienzo de la construcción del Milei ultraduro que veremos todo el 2027 confrontando medios y arremetiendo contra los rezagos de la justicia legítima, ocupando todos los espacios vacíos sostenidos en el tiempo por el kirchnerismo.
Para el 2027 ya no habrá discusión de tal o cual modelo; la óptica estará en el poseedor de éxitos y en quien detente un verticalismo indiscutible capaz de corregir o apagar cualquier interna.
23/06/2026 a las 3:52 AM
Me parece muy interesante el análisis sobre la «contraofensiva» y cómo se percibe el accionar de Milei. La idea de que cada movimiento puede tener un rebote es algo que resuena mucho en la política actual, ¿verdad? Me pregunto cómo esa necesidad de un «presidencialismo fuerte» que mencionas se conecta con la forma en que la gente busca liderazgo y estabilidad en tiempos inciertos. Es un tema complejo que da para pensar bastante.