Por Oscar Edgardo García.-

Una vez más se corrió el telón del teatro de San José 1111 para que la actriz y argumentista Cristina Fernández de Kirchner presentara un nuevo capítulo de la obra titulada «La condenada».

En el mismo, la guionista se coloca en el centro de la escena sosteniendo que sus derechos políticos y las garantías del debido proceso se violaron durante el desarrollo de la causa judicial en que se la condenó, argumentando que estuvo imbuido por un «machismo estructural». ¡Menuda excentricidad!

Para culminar fantasiosamente el episodio, la expresidente presentó una denuncia ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por la condena que recibió en la causa Vialidad Nacional.

Cabe destacar que la misma se concretó merced a la justa decisión de los jueces y al desempeño de fiscales eficientes e innegablemente «muy machos». Sobre el particular cabe reconocer que tiene razón sobre el «machismo» que denuncia.

Dada la habitualidad de estas burlescas puestas en escena a través de las que la ex mandataria persigue victimizarse falsamente y, a la vez, influenciar, hostigar y entorpecer las acciones de la justicia en las distintas causas que se encuentran en ejecución en las que podrían serle dictadas nuevas sentencias condenatorias, cabe esperar que los jueces dispongan el traslado del teatro actual para el cumplimiento de la condena al que corresponde, es decir una cárcel común.

Seguramente en ella la señora contará con mayor tranquilidad para realizar sus reflexiones con mayor profundidad, para proseguir, sin la tobillera que tanto le molesta, con su actuación estelar en la obra «La condenada».

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