Por Claudio Valdez.-
El proceso de crisis que se inició con el “derribo del muro de Berlín” (año 1989) poniendo en evidencia la no viabilidad del régimen comunista ruso en el mundo europeo, lejos de significar una reducción de las causas de conflictos mundiales por la situación de “guerra fría” en que la mayoría de los países se habían alineado apoyando a los bloques de la Organización del Tratado del Atlántico Norte o al Pacto de Varsovia, produjo una situación de extorsión por parte de las potencias occidentales (Estados Unidos de América e Inglaterra) hacia los restantes países, que en todo caso prosiguió siendo de tipo económico-financiero y evolucionó en escalada hasta establecer bloqueos y concretar cruentas acciones militares con fuerzas armadas transnacionales.
La desestructuración del mundo comunista puso de manifiesto la connivencia que el régimen plutocrático del llamado “mundo libre occidental” siempre mantuvo con el régimen colectivista de “la dictadura del proletariado”. Basta con recordar que desde antes de la mitad del Siglo XX los intereses de la industria, comercio y finanzas de Occidente fueron socios con los de la “nomenklatura” soviética en la división de zonas de influencia en el planeta y actualmente también el espacio astronáutico. Asimismo, a pesar de erosionarse mutuamente en el ejercicio del poder y engañarse reservadamente, fueron cómplices y responsables de casi toda acción inhumana pacífica o violenta en las regiones que denominaron “tercer mundo” (mundo periférico) donde midieron sus capacidades de influencia psicológica, equipamiento tecnológico, proyectos estratégicos y operaciones tácticas armadas. A modo ilustrativo basta recordar que desde el año 1944 “el Departamento de Estado y los diarios norteamericanos calificaron de totalitarismo al régimen argentino y de democracia popular al comunismo”; cuando el proyecto de gobierno en Argentina era justicia social y no explotación del hombre por el dinero, ni explotación del hombre por el Estado.
El derrumbe del mundo comunista dio paso a la desmedida codicia del mundo capitalista liberal expandiendo el sistema de libre mercado, específicamente sin limitación para las relaciones con la economía externa industrial, comercial, financiera y crediticia a favor del imperialismo. Agravante para el mundo periférico es que no tiene posibilidad de competencia en el mercado externo por lo cual queda sometido a la miseria y mayor dependencia.
A la Argentina y a los países que demandan liberación se les presenta una nueva oportunidad para entender la causa de la postración actual: “El arquero tiene un punto de parecido con el sabio. Cuando la flecha no llega al medio del blanco, busca la causa en sí mismo” (Confucio).
Es esta la solución para los males que afectan al mundo periférico, en tanto que para el imperialismo que no busca soluciones, sino dominación, sus proyectos no son otra cosa que renovadas agresiones mucho más perfeccionadas y sin lugar a dudas, por las circunstancias históricas, más totalitarias.
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