Por Carlos Tórtora.-

Los efectos políticos de la devaluación de la imagen de Javier Milei en los últimos días se van acumulando. En el Senado, el objetivo oficial de blindar a Santiago Bausili imponiendo que su remoción sea por dos tercios fracasó totalmente. Podrá ser removido por mayoría simple.

En lo que hace al tratamiento del proyecto de Ley de Presupuesto en Diputados, la presión del PRO, los radicales y otros aliados del gobierno obligó a Bertie Benegas Lynch a postergar la cuestión hasta después de la venida del Papa.

A todo esto, las relaciones del gobierno con la mayor parte de los gobernadores dialoguistas se van enfriando. Poco a poco Martín Menem va imponiendo su postura y LLA desarrolla sus candidaturas propias en cada distrito. Luis Petri ya recorre Mendoza como candidato a gobernador y esto enfurece a Alfredo Cornejo.

En Neuquén, es inminente el lanzamiento de Nadia Márquez.

En Córdoba, el jefe del bloque de diputados de LLA, Gabriel Bornoroni, está consolidando su candidatura a gobernador.

Para mencionar otro ejemplo, en Tucumán, Lisandro Catalán mantiene firme su desafío al gobernador Osvaldo Jaldo.

Es explicable que la dirigencia libertaria esté resistiendo la idea original de Karina de apoyar a los gobernadores a cambio de que éstos impulsen la reforma electoral primero y después la reelección de Milei. Es que la dirigencia libertaria percibe claramente que lo más probable es que el presidente no sea reelecto. Por lo tanto, con los votos libertarios que todavía quedan, la idea es conseguir la mayor cantidad de bancas posibles para funcionar como oposición.

Obviamente, la razón de esta postura sería que, siendo lo más probable que Milei no retenga el gobierno, la dirigencia libertaria no podría cobijarse en el futuro en el aparato del Estado Nacional y en cambio dependerá por entero de las bancas que consiga.

Así es que la política se va acomodando a la realidad. Lo mismo está haciendo en su medida Patricia Bullrich: todos los días descalifica con algo al gobierno que dice apoyar pero Milei no la fulmina, porque no quiere potenciarla, así que este sainete puede todavía prolongarse meses.

Vidas paralelas

En este punto resulta interesante comparar la evolución de Milei con la de Flavio Bolsonaro, al cual el gobierno argentino acaba de ayudar a trasladarse a los EEUU poniendo un notable esmero en el asunto.

Bolsonaro está muy lejos de ser un dirigente caído en desgracia y necesitado de la ayuda de dos gobiernos extranjeros. El Partido Liberal cuenta con seis gobernadores y 121 diputados federales, la bancada mayoritaria de los 513 diputados. También cuenta con 29 de los 81 escaños de senadores, siendo mayoría en ambas cámaras.

Y sin embargo, a pesar de esta acumulación de poder, Bolsonaro está acusado por una denuncia de lavado y su huida lo hace entrar en crisis con la dirigencia de su propio partido. En algo se parece a Milei. Éste consiguió montar una impresionante estructura de poder, pero el clima de corrupción que lo rodea y su desequilibrio psíquico lo van arrimando a una situación terminal.

En términos del actual vértigo, falta un siglo para votar, pero vale preguntarse si Milei sobreviviría políticamente a una derrota en las elecciones presidenciales. Y en este punto sí puede terminar pareciéndose a Bolsonaro. Esto incluiría hasta la hipótesis de un exilio en los EEUU.

Claro está que Milei se enfrenta a una amenaza que no tuvo Bolsonaro. Con fecha probable en marzo, el Círculo Rojo y su propia dirigencia pueden llegar a la convicción de que no está en condiciones de ser candidato.

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