Por Carlos Tórtora.-

El caso Adorni y la rebelión de Patricia Bullrich son hoy los ejes de la política nacional. Sin embargo, hay otros movimientos menos espectaculares pero también significativos. Una de las incógnitas es a qué juega Cristina Kirchner en este nuevo tablero político. Hay un dato central: la semana pasada, 13 diputados opositores no peronistas, entre los que se destacaban Esteban Paulón, Mónica Frade, Maximiliano Ferraro y Myriam Bregman, firmaron el pedido de una sesión especial para mañana, en la que se tratará una interpelación con moción de censura a Manuel Adorni que, de votarlo la mayoría absoluta, podría llevar a su remoción del cargo. Pero el bloque de UP no firmó el pedido opositor con el argumento de que hubiera querido que se trataran también temas económicos y sociales. Lo cierto es que en el bloque de Germán Martínez hay turbulencias y la mayoría quiere dar quórum mañana y avanzar contra Adorni.

Este episodio no está aislado. Llama también la atención que a la embestida opositora contra Adorni no se sumaron las principales espadas del bloque de UP. Tercer indicio, Cristina Kirchner dio un paso al costado ante la crisis por Adorni, lo cual le restó presión a Javier Milei. En cuarto lugar, las negociaciones del cristinismo con la Casa Rosada para acordar la designación de nuevos jueces y fiscales son intensas. El ministro de justicia Juan Bautista Mahiques potenció el tema al anunciar el envío al Senado de un listado nuevo de 46 candidatos a jueces. Lo que no se puede determinar es cuánto influye en el kirchnerismo la negociación por los jueces en relación al tratamiento del proyecto de reforma electoral. Las sospechas de un posible pacto están.

Una estrategia complicada

En términos de estrategia electoral, al peronismo hoy le conviene que Milei sea un pato rengo y que se aferre a la ilusión de su reelección porque, como van las cosas, no podría ganarle un ballotage al PJ. Pero La Cámpora tiene un problema grave: la consolidación de Axel Kicillof en las encuestas presidenciales es para este grupo una mala noticia. Kicillof triunfante, probablemente lo primero que haga si asume la presidencia es limitar al máximo el poder del cristinismo.

Esto explica por qué Cristina hoy tiene su empeño puesto en dos objetivos: por un lado presionar todo lo posible al gobernador para que acepte que ella tenga el año que viene la lapicera para escribir las listas de candidatos a diputados nacionales y, segundo, negociar con Milei la mayor cantidad de jueces posibles. Con muchos diputados y jueces propios, La Cámpora tendría asegurado entonces no perder su peso en el poder aunque Kicillof sea presidente. Una pregunta es si Cristina llegaría a acordar la derogación o suspensión de las PASO en este marco.

Por otra parte, la posibilidad de que el círculo rojo y el malestar social terminen obligando a Milei a abandonar su reelección impactaría en los planes peronistas. Si los factores de poder optan finalmente por impulsar como candidata a Patricia Bullrich como candidata, la elección podría complicársele al peronismo. Esto le daría una razón más a Cristina para seguir sin apoyar a Kicillof y jugando a ser la reserva del PJ.

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