Por Carlos Tórtora.-

La cuidadosa estrategia oficial para normalizar la situación de Manuel Adorni e ir superando progresivamente la crisis naufragó ayer estrepitosamente. El  arquitecto Manuel Tabar reconoció ante el Fiscal General Gerardo Pollicita que el jefe de gabinete le pagó en negro US$ 245.000 por una serie de fastuosas refacciones de la casa que comprara en el country Indio Cua. En este caso, lo cuantitativo modifica lo cualitativo.

El monto de las refacciones duplica holgadamente los US$ 120.000 que Adorni dice que pagó por la casa, lo que indicaría que lo pagado fue mucho más. Por otra parte, la pregunta reiterada en el reciente informe de Adorni en Diputados por varios diputados opositores queda totalmente superada. Ya no debe explicar el funcionario cómo gasto US$ 100.000 en un año, sino cómo pagó entre el departamento de Miró y la casa de Indio Cua alrededor de US$ 300.000 en refacciones. Con semejante esqueleto en el ropero, es muy complicado explicar por qué Adorni no renunció y le amortiguó así el golpe a Javier Milei. Todo sugiere la existencia de oscuros secretos en poder del jefe de gabinete que éste podría dejar trascender si los Milei lo abandonan.

Ahora la oposición en Diputados se encamina por el lado de aplicar el artículo 101 de la Constitución. Esto es moción de censura y remoción por el voto de la mayoría absoluta de las dos cámaras. Es improbable que la oposición consiga el número, pero no estará lejos y la crisis va a profundizarse.

Cuando la suerte ya no sonríe

Una característica de la carrera política de Milei es que en general tuvo buena suerte. Pero ahora está ocurriendo todo lo contrario.

Esta semana, Diego Santilli y Karina Milei le estaban ofreciendo el oro y el moro a los gobernadores dialoguistas para que apoyen con sus legisladores la reforma electoral que derogaría las PASO y le abriría a Milei las puertas de la reelección. Sin embargo, ahora las consecuencias de las revelaciones de Tabar pueden frizar la reforma electoral. Como es lógico, tanto los gobernadores como las cúpulas del PRO y la UCR se sentarán a esperar las encuestas para ver si reflejan un nuevo escalón descendente en la caída del gobierno.

Y si entonces el derrumbe se profundiza, cualquier acuerdo con la Casa Rosada quedará cuando menos congelado.

En síntesis, podríamos estar a días de que el gobierno pierda la mayor conquista de su gestión: el control del Congreso. Su sistema de alianzas está cerca de hacer agua y hasta puede renacer el fantasma del juicio político al presidente.

Y ni que hablar de los probables efectos que la pérdida del control del Congreso tendría sobre el comportamiento de los mercados y el riesgo país.

Luis Caputo tendría el pobre consuelo de haber acertado cuando dijo que la política estaba dañando seriamente la economía.

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