Por Pascual Albanese.-
“¿Cómo se sustenta esto en el tiempo?”. Esta pregunta que Peter Thiel, uno de los principales empresarios tecnológicos de Silicon Valley, le formuló Javier Milei y a sus numerosos interlocutores durante su prolongada estadía en Buenos Aires, sintetiza acabadamente la incógnita central del “establishment” económico, cuya dilucidación impacta en las perspectivas de inversión y en el índice riesgo país, un factor decisivo que determina la posibilidad de acceso al crédito externo, que es la condición financiera indispensable para un proceso de desarrollo sostenido.
Pero Thiel no es un empresario más. Su trayectoria y su pensamiento político lo posicionaron como el nexo entre la comunidad de empresaria de altas tecnología con Donald Trump, una función que en un principio desempeñó Elon Musk. Thiel fue el promotor y financista del lanzamiento político del vicepresidente JD Vance, aspirante a la sucesión presidencial de 2028, quien se desempeñaba como consultor de su conglomerado. Su mirada estratégica intenta siempre trascender las coyunturas. Prueba de ello es que para conocer la Argentina adquirió una lujosa casa en Barrio Parque y abrió un amplio abanico de contactos político y empresarios.
La respuesta de Milei al interrogante de Thiel reflejó con rotunda claridad la apreciación presidencial. Sostuvo que para garantizar la continuidad y el éxito del programa de reformas estructurales el gobierno desarrolla dos cursos de acción simultáneos y complementarios. El primero es construir una poderosa fuerza política nacional. El segundo es vencer en la “batalla cultural” para mantener el apoyo de la opinión pública. Ambos pilares sustentan el proyecto de reelección presidencial que se juega en 2027. En otros términos, Milei ratificó las misiones asumidas por Karina Milei y Santiago Caputo, respectivamente.
Pero las declaraciones de Milei introdujeron dos elementos relativamente novedosos como fueron una apelación a la paciencia colectiva para aguardar los resultados positivos del plan económico acompañada por un anuncio poco alentador para sus partidarios cuando señaló que “si nos acompañan no pasa nada, nos vamos a casa”.
A modo de compensación y para neutralizar repercusiones alarmistas, en un cónclave reservado de importantes empresarios argentinos celebrado pocos días después en Bariloche, el Ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo señaló que no había ningún “riesgo kuka” y desestimó la posibilidad de que el gobernador bonaerense Axel Kiciloff, a quien el gobierno considera su principal adversario en las elecciones del año próximo, pueda llegar a la presidencia.
Sergio Feder, un economista, autor del libro “Principios del poder”, sostiene que: “La historia económica muestra un patrón común: los programas no fracasan por el diagnóstico. Fracasan porque no sobreviven la transición. El problema no es el rumbo es el puente. Porque en economía, como en política, no alcanza con tener razón. Hay que sobrevivir el tiempo suficiente para que esa razón tenga tiempo de funcionar”.
Las cifras de la economía revelan esa transición. La acumulación de divisas del Banco Central registrada en los últimos meses no evita que las reservas monetarias sean fuertemente negativas. El monto de la deuda pública que por su porcentaje sobre el producto bruto interno está dentro de lo aceptable según los parámetros internacionales, se ve agravado por el volumen de los vencimientos de corto plazo, tal como ocurría a fines de 2001. El descenso de los ingresos fiscales obliga a una reducción adicional del gasto público para sostener contra el superávit de las cuentas pública.
De todos modos, las previsiones coinciden en que, por primera vez desde 2008, la Argentina tendrá tres años de crecimiento económico continuo, aunque leve. Vale la pena destacar que entre 1991 y 1994, en el inicio del programa de estabilización monetaria encarado durante el gobierno de Carlos Menem, el producto bruto interno creció a un ritmo del 7% anual, un logro facilitado por la hiperinflación y la depresión económica que lo precedieron, algo que no sucedió con el actual gobierno a pesar de la escalada inflacionaria ocurrida durante el gobierno de Alberto Fernández.
Pero el punto central a tener en cuenta es que, como lo subrayan todos los especialistas, este crecimiento es profundamente desigual. Está concentrado en cuatro sectores fundamentales, la energía, la minería, el agro y el sistema financiero, y está estrechamente vinculado con la apertura internacional de la economía. De allí que esté acompañado por un descenso del empleo formal que afecta a todo el país con excepción de las provincias de Neuquén y Río Negro.
Esta dualidad estructural, que golpea especialmente sobre el conurbano bonaerense, está acompañada por un descenso en la recaudación fiscal que obliga a una nueva vuelta de tuerca en el ajuste presupuestario, lo que se refleja en lo que sucede con el PAMI, las obras sociales gremiales y las universidades públicas, así como en el incremento de la morosidad en el pago de los créditos, tanto dentro y sobre todo fuera del sistema bancario formal, factores que generan mayor tensión social. El también comprobado aumento del empleo informal no contrarresta esa tendencia.
En este contexto, cabe advertir la importancia que adquiere la discusión planteada alrededor del proyecto del Ministro de Desregulación, Federico Stuirzennegger, sobre la derogación de la denominada “ley de villas “, sancionada en 2018 por la casi totalidad de las dos cámaras del Congreso Nacional, que establece la declaración de utilidad pública de las tierras ocupada por villas de emergencia y asentamientos populares con el fin de avanzar paulatinamente en la transferencia de los títulos de propiedad a sus actuales ocupantes, en un proceso que – corresponde consignar- no registró desde entonces ningún progreso.
Mientras tanto, Milei insiste en sostener, inquebrantablemente y ante cualquier circunstancia, su prioridad estratégica fundamental, que es su alianza con el gobierno de Donald Trump. Ese énfasis se manifestó en su firme alineamiento junto a Estados Unidos e Israel en la guerra con Irán y quedó graficado en la foto que lo muestra a bordo del submarino Nitmiz de la Armada estadounidense.
Esa postura no responde únicamente a una cuestión de política exterior. En la victoria electoral que La Libertad Avanza obtuvo en las elecciones legislativas del 26 de octubre pasado, cuando la sociedad argentina expresó con su voto la percepción de que se trataba de elegir entre “Milei o la nada”, cumplió un papel decisivo la ayuda de Trump, quien salió en auxilio del gobierno tras la derrota en las elecciones bonaerenses de septiembre, que había abierto un escenario de profunda incertidumbre, lindante con la ingobernabilidad.
La “interna” del gobierno, propia en realidad de cualquier gobierno, reconoce la necesidad de armonizar dos tendencias estructurales a veces contrapuestas. La primera es avanzar en el cumplimiento de las metas establecidas. La segunda es sostener la gobernabilidad que posibilite ese avance. Las denuncias de corrupción, centradas principalmente en el Jefe de Gabinete Manuel Adorni y en otros episodios de singular trascendencia mediática, no son el desafío político fundamental que afronta el gobierno. El epicentro el problema, derivado de las desigualdades en el modelo de crecimiento, reside en la microeconomía, el impacto del bolsillo, aquello que Perón definía como “la víscera más sensible del cuerpo humano”.
En esa preservación de la gobernabilidad cabe ubicar el cambio operado en el Ministerio de Justicia, con el relevo de Mariano Cúneo Lubarona y el encumbramiento de Juan Bautista Mahiques, que sale al cruce de una serie de reveses judiciales que transformaron al Poder Judicial, y por lo tanto a la negociación para la designación de magistrados, en un terreno de lucha política, tal cual sucedía con el Poder Legislativo antes de las elecciones de octubre.
Este esfuerzo coincide con un momento en que todas las encuestas, tanto cuantitativas como cualitativas, muestran un descenso en la imagen gubernamental. Los niveles de desaprobación crecieron sensiblemente. Para la mayoría de la opinión pública la principal responsabilidad de la actual situación del país, que hasta octubre pasado era atribuida a las gestiones anteriores, ahora corresponde al actual gobierno. El índice de confianza en el gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella experimento una fuerte y continua reducción en los últimos meses.
Guillermo Olivetto, un reconocido analista en evolución de las tendencias de opinión, afirma que si hasta hace unos meses en las encuestas el sentimiento de esperanza prevalecía sobre la sensación de añoranza en los últimos tiempos esa tendencia parecía invertirse y la añoranza empezaba a prevalecer sobre la esperanza.
Corresponde aquí acotar que dentro de esas tendencias de opinión conviene precisar diferencias entre sectores sociales, que indican muy distintos estilos de consumo. Un estudio de Fernando Moguier consigna que el 6% de los de sociedad, un número de aproximadamente 2.800.000 personas y unos 800.000 grupos familiares, concentra el 34% del ingreso nacional. En ese sector, el ingreso familiar promedio es de 7.900 dólares. El “segmento top”, que nuclea al 1%, ese promedio es de 16.000 dólares. La franja media abarca al 44% de la sociedad y la baja al restante 50%.
El trabajo, una verdadera radiografía social de la Argentina, consigna que el ingreso salarial promedio (por persona no por grupo familiar) es de 770 dólares. Una precisión cultural y políticamente muy significativa del estudio de Moguier es que el 59% de los consultados afirmó que en la Argentina “no se mira mal al que tiene plata” y que en el sector de más bajo de la pirámide esa opinión fue compartida por el 66%, cifra que indica la escasa penetración de la prédica ideológica “clasista” en los sectores populares.
Sin embargo, Silvana Walker, otra especialista en encuestas cualitativas, puntualiza que en la franja que no completó sus estudios primarios, un sector social extremadamente pobre que se correspondía tradicionalmente con el electorado peronista pero donde en 2023 y 2025 había penetrado con cierta fuerza la prédica de la Libertad Avanza, se observa hoy un índice de distanciamiento con el gobierno mayor que en el conjunto con la opinión pública.
En este clima de opinión pública empieza a configurarse el escenario para la elección presidencial. A diferencia de la percepción entre “Milei o la nada” que caracterizó la contienda legislativa de 2025, esta vez comienzan a observarse, dentro de ese “archipiélago de la nada”, ciertas iniciativas, todavía bastante difusas, orientados a la construcción de una alternativa de gobierno.
En ese cuadro cabe ubicar los diferentes intentos de recomposición del peronismo, entre ellos la reunión nacional realizada días pasados en Parque Norte, los cada vez más frecuentes conciliábulos entre los gobernadores peronistas y muchos intendentes, el encuentro de Emilio Monzó y Nicolás Massot con el gobernador bonaerense Axel Kiciloff, que busca ampliar sus bases de sustentación hacia la franja del centro, y hasta la entrevista entre Miguel Angel Pichetto y Cristina Kirchner.
Esta incipiente reconfiguración del peronismo, que tiene como común denominador el ocaso de liderazgo de la ex presidenta y el agotamiento del “kirchnerismo” como opción de gobierno, tiende a converger, en los hechos, con algunos movimientos insinuados dentro del llamado “círculo rojo”, personificados en figuras como Paolo Rocca, que buscan gestar una “alternativa de centro” a Milei y tantean posibles candidaturas, entre ellas de “outsiders” como Jorge Britos o eventualmente Martín Redrado.
En ese gigantesco vacío político que existe por fuera de la figura de Milei conviene observar también el papel de la Iglesia Católica, que se advierte en su postura pública contra el proyecto de derogación de la “ley de villas” pero que recobró notoriedad pública con la conmemoración del primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco a través de hechos como la misa celebrada en Luján y la concentración que colmó la Plaza de Mayo para un festival de música electrónica animado por un sacerdote portugués bendecido por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva.
En este punto es necesario tener en cuenta la histórica relación entre la Iglesia Católica y el sindicalismo peronista, que a través de la nueva conducción de la CGT también insinúa convertirse en otro de los factores de una convergencia de fuerzas alternativa a Milei. En esa confluencia, que reconoce la necesidad de la integración de la Argentina en esta etapa de reconversión integral de la economía mundial y la preservación del orden macroeconómico, dejando de lado las fracasadas recetas del pasado, puede visualizarse también otro intento de respuesta al interrogante de Thiel sobre “¿cómo se sustenta esto en el tiempo?”
07/05/2026 a las 12:44 PM
«Esto no se sustenta en el tiempo»; debería ser convicción de consultores, políticos y analistas: nunca un «trader» (corredor de bolsa y valores varios) encontró solución económica alguna… todo concluye en «burbuja y quiebras» (casi siempre más tarde que temprano).
El sometimiento a cualquier «imperialismo» (sinarquía) puede solo agravar la «miseria» (moral y material): «Si somos libres, todo nos sobra» (José de San Martín).
El «Padre de la Patria» también observó que: «Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos», y sentenció: «Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres».
El presidente Javier Milei, converso religioso, pareciera ignorar estos sensatos consejos.