Por Luis Alejandro Rizzi.-

La República es una institución política de gobierno del estado, que se sustenta en la división de poderes, la publicidad de los actos de gobierno, la periodicidad de los mandatos electorales y la idoneidad para acceder al empleo público.

Adelanto, el concepto de “idoneidad” es una cualidad que en los cargos electorales pondera la ciudadanía, cada vez que emite su voto.

Las constituciones suelen exigir condiciones formales; la nuestra, en el artículo 55, determina los requisitos para ser senador, tener la edad de treinta años, haber sido seis años ciudadano de la Nación, disfrutar de una renta anual de dos mil pesos fuertes o de una entrada equivalente, y ser natural de la provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella.

Para ser diputado, se requiere haber cumplido la edad de veinticinco años, tener cuatro años de ciudadanía en ejercicio, y ser natural de la provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella.

Por el contrario, para ser Juez de la Corte Suprema se requiere título de abogado con ocho años de experiencia y las demás cualidades para ser elegido senador.

El concepto de “idoneidad” no sólo exige una calidad profesional sino también una debida formación cultural, solvencia moral y ética.

Vemos que estas cualidades son más bien políticas que tienen que ver con el buen desempeño, siendo el congreso el poder político del estado que tiene la atribución para ponderarlas y decidir en consecuencia. El mal desempeño, sería un “delito político”.

Así llegamos al caso “Adorni”, y es obvio que ha mentido sobre su evolución patrimonial y poco o nada importa su nivel de endeudamiento, que podría ser imprudente y no delictivo para el derecho penal.

La infracción es política, defraudó a la República como institución. También podría caber reproche penal, pero eso otro tema.

Adorni ha cometido un “delito político”, mintió sobre su nivel de ingresos y sobre su patrimonio.

Insisto, es el Congreso el poder político del estado que debe ponderar su conducta, y todo iría en dirección a su censura y destitución.

Lo incomprensible es el rol que jugó la familia Milei. Se convirtieron en cómplices de quien cometió un delito político.

Adorni acaba de desnudar a Milei, que incluso lo respaldó personalmente en el Congreso, en modo “barra brava”.

Queda una pregunta y una duda, ¿se estarán protegiendo mutuamente?

¿Renunciará…?

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