Por Carlos Tórtora.-

En las últimas semanas, la crisis libertaria, por contraposición, mejoró las perspectivas electorales del PJ y Axel Kicillof hasta pudo exhibir un par de encuestas que lo muestran primero en las carrera presidencial. Pero los Kirchner son sin duda el cisne negro en el camino del gobernador. Máximo Kirchner no sólo no fue a la asunción de Kicillof, que lo sucedió en la presidencia del PJ bonaerense, sino que aprovechó el aniversario de la elección presidencial que ganó su padre para amenazar con que La Cámpora no acompañará la campaña presidencial de aquél si la principal consigna no es «Cristina libre».

Entre otras cosas, el cristinismo reaccionó así por el claro despegue de la mano derecha de Kicillof, Carlos Bianco, que sentenció: «Cristina está proscripta, el peronismo no».

Las nuevas presiones de los Kirchner tienen una traducción bastante concreta en la política práctica. La Cámpora pretendería que el gobernador le reconozca a la expresidenta el derecho a llenar el año que viene la lista de diputados nacionales por Buenos Aires y también parte de las diputaciones locales. De este modo, el cristinismo se aseguraría su subsistencia política cuatro años más, aún si Kicillof no llega a presidente.

Un salvavidas de plomo

Para el gobernador, hacer campaña con la foto de Cristina equivaldría a su suicidio electoral, algo que no se le escapa a ningún dirigente peronista.

La ofensiva camporista trasciende entonces el marco de la interna: le da una cuota de oxígeno a un Javier Milei que necesita seguir polarizado con Cristina, porque con esta dialéctica siempre gana.

Esta tensión también incluiría la media docena de gobernadores peronistas ahora ligados a la Casa Rosada. Estos ya dudan seriamente que Milei los lleve a la victoria el año que viene, pero también temen volver al ruedo del PJ y terminar haciendo campaña con «Cristina Libre».

Una vez más, los intereses de Cristina vuelven a confluir con los de Milei.

En el PJ bonaerense hubo quienes supusieron que el acuerdo de unidad, por el cual Kicillof se quedó con la presidencia del PJ local y Máximo con la presidencia del congreso partidario, era la base para un funcionamiento conjunto. Se equivocaron, porque la guerra continúa y será más intensa aún si Milei se sigue agotando a toda velocidad.

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