Por Luis Alejandro Rizzi.-

Se atribuyen a Milei méritos de dudosa realidad, como tener las cuentas públicas en orden, reducir el gasto, superávit fiscal, baja de la inflación, un extraño orden social, por su aparente calma, disminución de la pobreza y un nivel de crecimiento que en su gestión no supera el 6% acumulado.

La mayoría de los economistas concuerdan con el rumbo y con los resultados aritméticos de las cuentas, que por otra parte no admiten discusión; es cierto que se redujo el gasto, es cierto que bajó la inflación de un 200 y pico a un 30/32%.

Pero se calla que en octubre pasado el programa estalló y lo salvaron los 20 mil millones que aportó el “tío Bessent”, que además dijo que hizo un buen negocio para el tesoro de su país, pero, minucias al margen, Milei fue rescatado de la ciénaga que se lo tragaba.

“Los argentinos se mueren de hambre” fue la sentencia de Donald Trump.

Hoy podríamos decir: el enfermo murió, pero sin fiebre y con efímero sufrimiento, sobrevivió casi tres años, hubiera muerto mucho antes. Un éxito.

Ese es el resultado de la gestión de Milei a la fecha.

La gente se endeuda para no morirse de hambre. Hay un descenso social generalizado, el empleo formal, que es el que califica a una gestión político-económica, cayó y fue suplantado por el informal o empleo precario.

Se cerraron cientos de Pymes y los segmentos que prosperan no generan empleos masivos, no sustituyen a los que dejan la industria, la construcción y el comercio.

Milei dejará un país sin infraestructura, en cuyo período no se mantuvo lo precario que aún quedaba, se suspendió la continuación de obras que estaban en marcha y no se iniciaron nuevas. La escasez de logística será otro obstáculo para el crecimiento.

En política internacional se adoptó una sodomización con Donald Trump. Una caricia suya genera un orgasmo político, y una palabra dicha al azar ejerce una acción performativa sobre la incultura riesgosa de un energúmeno que sólo sabe de groserías, violencia y sumisión propia de la más rancia esclavitud.

Una equívoca frase de Trump, que ahora pretende convertirse en mediador entre Argentina y el Reino Unido, hizo que Milei resucitara una vieja política reivindicatoria de una supuesta soberanía que no se supo o no se quiso defender.

Sabemos que rechazamos las invasiones inglesas dos veces. Cuando aún éramos colonia en 1806 y 1807, un puñado de granaderos vencieron a los españoles en San Lorenzo en febrero de 1813, cuando aún no se había declarado la independencia, pero en 1833 no supinos defender las Malvinas, quizás porque en esos años la Patagonia tampoco nos interesaba. En 1833 la población “nativa” no superaba las 80 personas, entre gauchos e indios, que se dedicaban a tareas rurales.

Vale la pena recordar las anécdotas de Sancho Panza gobernando su ínsula en el caso de la mujer que le denunciaba, no recuerdo si el intento de robo o de violación. Cuando uno defiende algo que considera valioso es imposible quitarse.

En esa época las Malvinas estaban más cerca de una “res nullius” que de un territorio soberano.

Desde entonces, la soberanía la ejercen de modo ininterrumpido el Reino Unido y su población, para la que Argentina está más lejana que los 12 mil kilómetros que la separan de su metrópoli. No se trata de recuperarlas, porque en verdad nunca las perdimos, las abandonamos.

Se trata de conquistarlas, y para ello debemos cautivar a sus pobladores, alrededor de tres mil, con políticas empáticas y abarcativas.

Hoy, las Malvinas no son una causa nacional; sólo lo son cuando un gobierno cae en las encuestas, o cuando en fútbol le ganamos a la selección inglesa, más bien un sentimiento de nostalgia, por haberlas abandonado, y de frustración por la situación del país, es otra de nuestras pérdidas.

Con la Base Naval, cuya demorada construcción incluye a este gobierno y ahora se acelera, las alejaremos más, porque en vez de un territorio pacífico lo convertimos en una isla estratégica para intereses ajenos a los de Argentina y Latinoamérica.

Para alimentar esa hipocresía “nazionalista”, hay plata.

En definitiva, “las Islas Malvinas” pretenden ser “el plan platita” de Milei para ganar la próxima elección de 2027-.

Como objetivo es inmoral, fiel reflejo de su hipocresía y cinismo.

En fin, Milei se enfrenta a su propia Némesis, es la lógica consecuencia de su ignorancia, incultura y barbarie.

¿Se podía esperar otra cosa…?

Al fin de su mandato, ni siquiera tendrá la capacidad de reflexión del pobre Arjuna, víctima del dogmatismo del Hare Krishna.

La mitología suele ser buen maestro.

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