Por Guillermo Cherashny.-

Recurrentemente el presidente acusa a la oposición de intentar un golpe financiero o también un golpe de estado contra su presidencia.

En las últimas elecciones, se disipó cuando Scott Bessent, el Secretario del Tesoro, compró pesos argentinos en el mercado para bajar el precio de la divisa, cosa que logró bajando su valor de $ 1550 a los $ 1400, que es el precio que quiere el gobierno y mantiene hasta ahora.

Pero el problema es que los precios vienen subiendo al 3% desde diciembre. En el gobierno de Fernández, el valor era de $1350 y el blue cerca de $1500, en parte por el descontrol fiscal del gobierno anterior y por la promesa de Milei de dolarizar la economía. Pero, en cambio, devaluó más del 100% y los precios volaron para luego estabilizarse durante el 2024; pero en 2025 los argentinos estimaron que el dólar de $1100/1200 -como estaba en marzo del 25- era muy barato y comenzaron a comprar continuadamente 32.000 millones de dólares. Sólo en diciembre bajó a 1000 millones, pero en enero, febrero y marzo los argentinos compraron 6500/7500 millones de dólares por una percepción que la divisa está barata y quieren proteger su patrimonio en moneda extranjera aunque hoy cotice a $1380.

A diferencia del gobierno anterior, el oficial y el blue están al mismo valor y los precios siguen subiendo. Y los argentinos pierden tasa de interés o invertirlo en la producción, porque se sienten protegidos con la tenencia de moneda dura en los bancos o en el colchón, dado que no creen en esta política económica ni quieren volver a la anterior.

En lugar de denunciar golpes financieros habría que desarrollar una política económica que genere confianza, para que los argentinos no compren más dólares para proteger su patrimonio.

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