Por Luis Alejandro Rizzi.-
Javier Milei no es una persona culta. Dudo de su calidad como “economista”. Lo considero un ser que adolece de una aguda neurosis paranoica y es víctima de continuos brotes psicopolíticos. En una palabra, cuestiono su idoneidad político-constitucional. Sé que es mi opinión libre y que es el Congreso quien tiene tal atribución para determinarlo mediante el juicio político.
Anoche, en un programa de “La Nación+”, que jamás veo porque considero muy útil mi tiempo para dilapidarlo gratuitamente, Milei hizo una cerrada defensa de Adorni.
Según la crónica de “La Nación”, Milei dijo: “Tampoco comparto la idea de que la permanencia de Adorni en el Gobierno fuera perjudicial para el oficialismo: “No lo comparto en lo más mínimo. En el criterio de mi nuevo libro, que pronto saldrá a la luz y se llama ‘La moral como política de Estado’, remarco que no se puede sacrificar en el altar de la eficiencia la justicia. Condenar a un inocente es injusto. Eso, inexorablemente, lleva a malas decisiones”.
Agregó: “Que lo que diga un funcionario [Manuel Adorni] no coincida con lo que dice el periodismo, no quiere decir que eso sea mentir. El que suele mentir es el periodismo. Estamos cansados de ver cómo editan respuestas, las acomodan. Manuel ya está afuera. Si la Justicia demuestra que es inocente, va a demostrar lo mal y horrible que trabajan los medios de comunicación”.
Manuel Adorni mintió reiteradamente, y la prensa en general transcribió sus inciertas declaraciones, se jactó de haber evadido el pago de impuestos (sic) y sus explicaciones sobre sus ingresos fueron confusas. Declaró en un momento la exactitud de sus declaraciones juradas. Cosa que luego rectificó.
Esos hechos son delitos políticos que descalifican su idoneidad para ejercer cargos públicos, aunque no configure tipo penal alguno.
La Justicia puede absolver, o sobreseer, pero el delito político se juzga desde otra óptica, que no es la judicial; es la que no entendió o no quiso siquiera entender, lo que sería más grave, Javier Milei. Lo cierto es que estos cuatro meses mostraron la extrema debilidad del Gobierno y su falta de límites morales y éticos, además de su neurosis.
Deja una respuesta