Por Carlos Tórtora.-

Hace tres días Axel Kicillof optó por realizar un cambio estratégico: dejó de lado su persistente silencio sobre el tema y dijo en Avellaneda: «Cristina tiene que estar libre». De este modo habría conseguido desactivar también la creciente campaña del cristinismo calificándolo como traidor. Tanto o más importante fue frenar el lanzamiento de Sergio Massa como candidato a presidente.

La reconciliación que ahora se abriría entre el gobernador y La Cámpora puede ser simplemente transitoria, como ya ocurrió media docena de veces o, lo que es improbable, más duradera.

Pero la nueva paz kirchnerista puede empezar a tener efectos profundos dentro y fuera del PJ. Para empezar, varios gobernadores peronistas, como el salteño Gustavo Sáenz, el misionero Hugo Passalacqua y el tucumano Osvaldo Jaldo, tendrían ciertas expectativas de que Kicillof se separe definitivamente de La Cámpora y hasta que la margine internamente.

La nueva situación podría ser entonces decepcionante, ya que el gobernador aparece otra vez asociado a Máximo Kirchner.

Pero más graves podrían ser los efectos sobre el oscilante electorado independiente, que en su inmensa mayoría repudia a la expresidente.

La pregunta en este caso queda para resolver y no es menor: ¿Cuántos votantes podría perder si se instala la creencia de que él será una especie de nuevo Alberto Fernández, o sea, otro títere de ella?

De vuelta se multiplican las incógnitas

Todo parece indicar que el gobierno no conseguirá que el Congreso sancione la suspensión de las PASO, por lo cual una gran primaria peronista movilizaría una gran masa de votos y descolocaría a Milei, que tendría pocos votos en una primaria con lista única.

Consensuar una PASO entre Massa y Kicillof no sería precisamente un trabajo sencillo.

Otro capítulo de la cuestión indica que, si hay PASO, el gobernador tendría menos espacio para desdoblar la elección provincial, ya que tantos comicios resultarían excesivos. El no desdoblamiento es lo que quiere Cristina, que quiere hacer valer su peso en una elección unificada.

En lo inmediato, lo que demuestra la defensa de Cristina por parte de Kicillof es que éste tiende a ceder cuando la presión es grande. Un antecedente peligroso para un presidenciable. Si el panorama actual se asienta, también es probable que un Kicillof cristinista favorezca el crecimiento del voto antiperonista.

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