Por Paul Battistón.-
Alguna vez ya había escrito sobre esta cuestión marchosa pero, que fuera rescatada como título para una marcha real me da pie para recordar ese pequeño contenido al que seguro se apeló como disparador silencioso con la certeza de que el mismo estaría sonando en las cabezas de los marchantes. En la versión 1981 de la marcha insignia de la canción de protesta se destacaba la bronca, porque roba el asaltante pero también roba el comerciante, aun cuando la intención de comparación hubiera sido hacia un comerciante dueño de precios inescrupulosos, en definitiva, es comercio (un acuerdo entre dos partes). Una exitosa marcha juvenil crucifica la libertad de comerciar y disponer de los bienes propios. La estigmatización de la circulación monetaria en un simple verso de éxito.
Quizás sólo por coincidencia, una marcha anterior, la de Hugo del Carril, en un verso en declive previo a la doble repetición reafirmante del nombre del dueño del movimiento como enarbolador de la idea, dejaba en claro que el capital debía ser combatido.
Nada menos que el capital, o sea, en definitiva, propiedad privada o quizás mejor definido aún el potencial necesario para el impulso de cualquier actividad emprendedora o económica.
Marchas puestas a disposición de la efusividad juvenil o de la efervescencia de las masas. Qué mejor que repitan hasta el hartazgo los postulados de la inactividad y la resignación del derecho a la propiedad privada.
Y así finalmente llegamos a uno de los símbolos de la miseria usado como título de la queja.
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