Por Guillermo Cherashny.-

El peronismo arrasó en la provincia de Buenos Aires. Kicillof obtuvo casi el 45% y Massa el 43% pero hay que tener en cuenta que el gobernador siempre obtiene un 3% arriba del candidato presidencial porque suma el voto de los inmigrantes, que sólo pueden votar para intendentes y a mandatario provincial. Pero el ministro candidato obtuvo más votos que Otermin en Lomas y que Mayra Mendoza en Quilmes y así en varios distritos del conurbano y del interior, aunque en otros bastante menos por el corte de boleta. Pero la prueba más contundente de que Sergio Massa atrajo votos fue su performance en todo el país: en Santa Fe, en el norte y en el sur del país, y no sólo los votos de la provincia de Buenos Aires permitieron el primer puesto en las elecciones generales.

Se demostró que en las elecciones el profesionalismo de los candidatos es fundamental para ganar un comicio y sin duda Massa es un gran profesional y la causa es que no es kirchnerista como quiso vender en toda su campaña la Bullrich, cuya principal propuesta era terminar con un sector político que está en decadencia como es el kirchnerismo y La Cámpora.

El problema de Juntos es que se enfrentaron al peronismo territorial y todo el sindicalismo unido sin excepciones y hay que reconocer que el cristinismo tiene muchos votos en las mujeres profesionales de clase media y alta que, sumado a los movimientos sociales, armaron una coalición muy fuerte pero no invencible para el ballotage.

El denominado “plan platita” tuvo un aporte fundamental, porque en las casas de electrodomésticos había colas de seis cuadras y es verdad lo que dicen los economistas, que la gente se quiere desprender de los pesos. Pero para comprar y largar los pesos hay que tener pesos de sobra, es decir que hay un sector importante que puede gastar y los argentinos saben moverse cuando hay alta inflación y votan en contra cuando hay recesión, como le pasó a Macri en la elección del 2019.

Mientras Massa tenía asesores de campaña brasileños, catalanes y españoles expertos en comunicación electoral, en cambio Bullrich tenía a Derek Hampton, el desconocido consultor salteño que aconsejó centrar la campaña en destruir a un kirchnerismo que está en retirada.

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