La estrategia original en esta campaña electoral de Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y María Eugenia Vidal pasó por plantear una oposición moderada al gobierno, que facilitara un diálogo y eventuales acuerdos después de las elecciones. Tanto es así que el larretismo se cuidó muy bien de participar en las manifestaciones de protesta que tuvieron lugar durante la pandemia. Esto sin mencionar que durante varios meses el jefe de gobierno porteño compartió el estrado con Alberto Fernández, en un acercamiento inédito. Sin embargo, previamente a las PASO, este plan empezó a tropezar con serios problemas. Desde su despacho de la presidencia del PRO, Patricia Bullrich, excluida por Larreta de la lista de diputados porteños, se las arregló para ponerse a la cabeza de una campaña nacional de apoyo a las listas de Juntos por el Cambio. Ella tomó como bandera la lucha frontal contra el kirchnerismo y tuvo éxito, anticipando además que lanzaría su candidatura presidencial ni bien se celebrasen las elecciones. La cruzada de Bullrich coincidió con el empeoramiento del humor social y la caída vertical de la imagen presidencial con la difusión de la foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez en la quinta de Olivos. Es obvio que hoy la mayor parte del voto a Juntos por el Cambio expresa un mandato de ruptura con el gobierno más que la búsqueda de un diálogo moderado. El problema para el larretismo se volvió insoluble: no se puede representar al voto castigo desde una postura blanda o no confrontativa.

A todo esto se le agregó otro factor coincidente. Javier Milei pasó a ser el vocero de los que quieren castigar a la clase política pero especialmente de los que son afines al kirchnerismo o a negociar con él. Larreta, Vidal y Santilli se convirtieron en los blancos predilectos del economista, que los tildó de socialdemócratas. El magro 30% obtenido por Vidal en las PASO porteñas puso en evidencia que sobre todo el voto joven emigraba hacia Milei y en menor medida hacia Ricardo López Murphy. De seguir con su perfil contemporizador, el larretismo se exponía a sufrir incluso una baja de votos en las elecciones del próximo 14 de noviembre.

Palomas convirtiéndose en halcones

Así las cosas, se imponía un cambio y entonces fue que Larreta empezó a mostrarse anunciando que un objetivo central de la oposición es terminar con el quórum propio del Frente de Todos en el Senado. Vidal no se quedó atrás y habló de tomar la presidencia de la Cámara de Diputados, criticando duramente a Máximo Kirchner. Al mismo tiempo, Larreta se puso a recorrer el país quitándole así protagonismo a Bullrich y empezó a tener reuniones con grupos de jóvenes, la clientela favorita de Milei, a los que les dice que él es un auténtico liberal. Aunque poco creíble, este nuevo tono del larretismo en cierto modo lo compromete para el futuro y le dificulta una vuelta inmediata al dialoguismo después de las elecciones.

Palomas convertidas en halcones, los larretistas quieren evitar que el 15 N se comience a formar una alianza entre Bullrich, Milei, Espert y sectores radicales que apuntaría al 2023.

Carlos Tórtora

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