El retador

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Por fin le ha salido a Donald Trump el retador que todos esperaban en la campaña por las primarias del Partido Republicano. Pero hay dos pequeños inconvenientes: esa estrella ascendente, el neurocirujano negro Ben Carson, no está ganando votos a costa del magnate de bienes raíces sino de los demás y su meteórica trayectoria hasta el segundo lugar sólo acentúa la orfandad de los pesos pesados que creían que todo se dirimiría entre ellos.

En las últimas tres encuestas nacionales (las de CBS, CNN y ABC), Trump sube a 27%, 32% y 33% respectivamente. Por tanto, a menos que el debate del miércoles haya iniciado la erosión de su voto que se espera hace tanto tiempo y nunca acaba de producirse, Trump tiene razones para la jactancia. Lo impactante es el segundo lugar de Carson, con 23%, 19% y 20% respectivamente. Quiere decir que dos “outsiders” (para usar la bendita palabreja) se llevan más de la mitad del voto del partido de Abraham Lincoln y Teddy Roosevelt, sepultando a gobernadores y senadores varios.

¿Hay allí un ticket en ciernes? No se han atacado mucho -apenas han cruzado un par de “jabs”- y no han hecho muecas horripilantes cuando les han sugerido la idea de un matrimonio político.

El “caso” Carson es tan interesante como el “caso” Trump. Este neurocirujano saltó a la fama en el National Prayer Breakfast, un evento anual a caballo entre la política y la religión, cuando, teniendo a Barack Obama delante suyo, hizo una defensa de principios conservadores en temas económicos, sociales y valóricos. La prensa lanzó a Carson al estrellato para humillar a Obama; hoy descubrimos que en realidad a quienes humillaban era a los candidatos tradicionales del partido.

Carson habla bajo, Trump vocifera; Carson es un conservador de cepa, a Trump se le cuestiona haber dado más volantines que un arlequín en cuestiones ideológicas; Carson conecta con las minorías por ser afroamericano, Trump ha hecho de la enajenación del voto hispano un blasón de orgullo. Por tanto, se complementan: uno abarca al ala ideológicamente tradicional pero políticamente renovadora (Carson) de un partido que clama por superar el olor a naftalina; el otro abarca al ala ideológicamente menos ortodoxa, pero es el liderazgo hecho carne, en un país donde ilusionar con la idea del regreso a la grandeza mueve a las personas más que cualquier ideología.

Todo lo cual es un problema para los demás, empezando por Jeb Bush y Marco Rubio, y terminando por Chris Chistie, John Kasich, Rand Paul y compañía. Si, como lo intentaron en el debate esta semana Bush, Paul, Christie y Carly Fiorina apuntándole los cañones, Trump es expulsado de su pedestal (algo qe no está ni mucho menos claro), el gran beneficiario será Carson, el caballo que entró por los palos cuando nadie lo veía venir.

Lo cual me lleva a Fiorina. La ex jefaza de Hewlett Packard ha empezado a alborotar un poco la campaña pero no acaba de despuntar como segunda retadora. ¿Cambiará el debate las cosas? También es una “outsider” y como mujer sería, al igual que Carson aunque por motivos distintos, una novedad sociológica con potente simbolismo a la cabeza del ticket republicano. Es la única a la que, si atendemos a las señales que está enviando el electorado díscolo, se le ve potencial para pelearle a Carson el liderazgo en caso de que Trump encalle o para disputárselo al empresario si Carson se evapora.

Fascinante campaña, insisto.

Álvaro Vargas Llosa

La Tercera

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