La locura tiene epígonos

Luigi Pirandello (Premio Nobel 1934), en su célebre ensayo «El Humorismo», establece desde su punto de vista las diferencias conceptuales y entrecruzamientos de los distintos tipos de humorismo y repasa los caracteres propios de la farsa y de la sátira en sus relaciones con lo grotesco y lo ridículo, no como subgéneros sino como categorías, una crítica de lo patético como un correlato de lo sórdido y vil. En tal sentido, Terencio, Rabelais, La Bruyére, Moliére y Goldoni han sido verdaderos maestros, que con sus obras y representaciones expusieron -con intención moralizante- los vicios y costumbres relajadas de la sociedad de la época en que vivieron. Otros autores -casi anónimos- de la Edad Media y el Renacimiento, representaron mediante muñecos -títeres y marionetas- la burla como crítica de los extravíos y extravagancias de la nobleza y el clero. Erasmo de Rotterdam en su «Elogio de la locura» utiliza una inteligente estrategia para protegerse de las severos castigos que su texto le podría acarrear. En sus páginas utiliza dos vías o formas de expresión: la locura buena y la locura mala, esto es, la locura saludable, que es la felicidad de la verdadera sabiduría, y a la inversa, la supuesta sabiduría, que es locura propiamente dicha. Un ejemplo o arquetipo de la primera sería un Sócrates, un Diógenes de Sínope (el que vivía en un tonel) y de la segunda, los fariseos contemporáneos de Jesús. En realidad, el texto más que un elogio es una sátira. Pues la intención de Erasmo era de hacer pasar por un elogio lo que en realidad es una profunda y justa critica social, casi burlesca. Concluye con esta rotunda frase: «La vida entera de los hombres y de las naciones es sólo un juego de orates». Erasmo, Freud y Pirandello juntos suscribirían como conclusión el adagio: «La locura como sistema es comedia y es tragedia». Henri Bergon en su ensayo «La risa» relata un diálogo hilarante entre Mark Twain y un reportero que le pregunta si es verdad que tiene un hermano y Twain le contesta que sí, que era su gemelo y a medida que habla de su hermano le relata una serie de circunstancias para terminar confesándole al reportero que uno de los gemelos se había ahogado, pero que no sabía si el ahogado era él o su hermano. Un diálogo análogo se dio entre un periodista de «La Nación» y la candidata kirchnerista Victoria Tolosa Paz que le responde a las preguntas que le hace, de la siguiente manera: “Alberto y Cristina no expresan lo mismo, pero hay que sintetizar e ir hacia adelante”, dijo para zafar y, para completar el diagnóstico, relativizó las diferencias entre ambos, diciendo que eran “de formas y maneras”, además fustigó a la oposición, especialmente a Macri y a Santilli y se rió del periodista diciéndole: «Alberto pierde, ya lo saben uds. porque tienen la bola de cristal». Esta «boutade» de Tolosa hay que interpretarla «comme il faut» (conforme) a los hechos de la realidad que remiten a personajes cómicamente delirantes. Pues Tolosa intenta decir que las diferencias entre Alber-Larry, Kurly-tina y Moe-Paz (ella misma), sintetizan a «Los Tres Chiflados» por la similitud con los personajes originales. La duda que cabe consiste en saber cuáles de ellos superan a los otros. Pero existe una gran diferencia -abismal- unos son actores (locura saludable o simulada) y los otros encarnan y representan al Estado (locura real o fatídica). Los de la serie norteamericana son risibles pero el trío «K» son patéticos, pues está en juego la estabilidad de la república.

Luis Illuminati

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