Organizaciones sociales: La cuerda tensada

Hasta la mejor estrategia se agota y se torna contraproducente si se proyecta en demasía a lo largo del tiempo. Esto parece suceder con las demandas “piqueteras” que castigan drásticamente a los transeúntes de tal suerte que logran el repudio hasta de los individuos que en principio simpatizaban con sus demandas.

Todas las semanas apreciamos por lo menos dos cortes de tránsito, obstrucción de la vía pública, acampes y protestas en el ámbito de la Capital Federal, en sedes ministeriales y accesos claves para circular adecuadamente en el territorio nacional.

Casi todos los sectores sociales en algún momento recurrieron al “corte de ruta”. Trabajadores, desocupados, docentes, hasta el poderoso sector agrario recurrió al piquete que tanto repudian. En este sentido, la “filosofía” piquetera se impuso en la sociedad toda. Cortan los anti-vacunas, los negacionistas, los quema barbijos y los que reclaman que las ociosas compañías proveedoras de corriente eléctrica restituyan el servicio a los usuarios luego de días sin electricidad.

¿Los dirigentes prestan atención a las demandas sólo si se interrumpe el tránsito de una avenida o ruta?

Vimos cómo médicos y trabajadores de la salud, en pandemia, cortaban accesos neurálgicos de la ciudad pidiendo insumos sanitarios sumamente necesarios. Los “cortes” se transformaron en la metodología preferida de “todos” los reclamos de variada naturaleza y múltiples motivaciones.

Lo justificadamente criticable es cuando algunos dirigentes de organizaciones sociales proceden al corte como un ejercicio de apriete para obtener “mejoras” para su sector en desmedro del bien común. Si la cuerda de las exigencias se proyecta más allá de la intangible lógica del sentido común y las demandas toman un “aire” extorsivo, la cuerda puede romperse y el diálogo interrumpirse. Nadie quiere acordar “con una pistola sobre la mesa”.

Existen grupos radicalizados que si les darían subsidios equivalentes a un sueldo de un gerente de una multinacional, igual protestarían. Exigirían acciones en la bolsa, criptomonedas y más aún. Es el caso del Polo Obrero que sistematiza los reclamos en una esfera netamente política, donde el compañero carenciado parece un peón de ajedrez pronto a ser “sacrificado” en aras de una maniobra política sectorial.

Las organizaciones sociales cumplen un rol muy importante de contención y ayuda social para con los más humildes de la sociedad. Valoramos en general su misión de socorrer y brindar ayuda a los que lo necesitan. Es el caso, por ejemplo, de los comedores comunales.

Algunos dirigentes sociales deben advertir que la confrontación permanente desemboca más temprano que tarde en un rechazo generalizado de la población a sus movimientos y metodología. Alcanzar logros sin lastimar a iguales encierra un desafío constante que demanda imaginación y nuevas formas de visualizar el malestar de grandes bolsones de pobladores que resisten caer en la marginalidad.

Hay gobiernos que son solidarios con los carenciados, pero también están los “ultras” que quieren implantar el ejercicio del garrote. No sea cosa que las demandas extremas se tornen en un caldo de cultivo para el imperio de los bastonazos y gases lacrimógenos. “Todo en su medida y armoniosamente” es la sentencia a recorrer.

El trabajo estable con sueldo digno es la desembocadura adecuada, urgente y necesaria de los planes sociales. El autorespeto de madre y padre que llevan su sueldo a su hogar se torna en un hecho cultural tan necesario como el plato de guiso sobe la mesa familiar.

Empatía profunda y solidaridad permanente con los compañeros que están atravesando un mal momento. Firmeza absoluta para con los malos dirigentes que “juegan” políticamente con el hambre de su gente.

¡La cuerda de la demanda debe estar mucho menos tensa!

Máximo Luppino

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