Por Enrique Guillermo Avogadro.-

“Cuanto más ignorante es el hombre, más obediente es y mayor y más absoluta es la confianza que pone en quien lo dirige”. Pierre Josep Proudhom

La sorpresa que produjo el porcentaje de votos que obtuvo Javier Milei en las PASO fue tan fuerte que ocultó que, incluyendo a los ausentes y al voto en blanco (34%), los grandes competidores obtuvieron 20% (LLA), 19% (JxC) y 18% (UxP). Lo más llamativo fue que Sergio Massa, el candidato y Ministro de Economía, aún en medio del inconmensurable desastre que su gestión ha provocado, disparando la inflación a la estratósfera, produciendo una desesperante recesión, despeñando a tanta gente por el acantilado de la pobreza, y en la absoluta soledad en que lo dejaron Cristina Fernández, los gobernadores e intendentes peronistas, lograra conservar un 27,28% de los votos positivos, aunque fuera el peor desempeño del PJ en su historia. Pero los incendiarios índices de agosto y septiembre, que se publicarán antes del 22 de octubre, le impedirán estar presente en el (hoy) previsible ballotage.

Patricia Bullrich fue, sólo en apariencia, quien mayor castigo en las urnas recibió, en especial porque, hasta poco tiempo antes, JxC era el claro espacio ganador, una chance que perdió por la impúdica exhibición de sus salvajes disputas internas. Sin embargo, el apoyo de los partidos que integran la coalición y la presentación de un sólido y numeroso equipo económico, que ya ha anunciado su plan, para acompañarla en una eventual gestión presidencial, más las expectativas de crecimiento en energía, minería, tecnología y agroindustria, me permiten albergar alguna esperanza en la recuperación de su caudal electoral, aunque conservo una grave preocupación por la suerte de la Provincia de Buenos Aires.

Pero nada obsta a que debamos considerar como altamente probable que sea Milei quien se lleve la copa y, por ello, resulta imprescindible pensar qué pasaría en un gobierno encabezado por el líder mesiánico de un partido absolutamente unipersonal, un sumo sacerdote que ha encandilado a tantos con mensajes económicos incomprensibles para la mayoría y, sobre todo, transformados en dogmas incuestionables, so pena de recibir fuertes e histéricas agresiones. Muchas de las medidas que postula esta neo-religión requerirían modificar la Constitución, y chocarán de frente contra las atribuciones provinciales; ¿con qué respaldos legislativos contaría para avanzar? ¿Cómo negociaría, para obtenerlos, con la denostada “casta”? Puesto que ya sus listas de candidatos a legisladores y concejales están colmadas de massistas, menemistas y sospechosos “amigos” corruptos, amén del confeso apoyo del kirchnerismo para cuidar sus votos, ¿cuál es el costo que debería afrontar si se viera obligado a pagar tantos favores?

Sus primeros apóstoles ya han relativizado sus ideas más extremas y las han diferido en los tiempos de aplicación; así, los primeros desencantados tan pronto asumiera serían los más pobres de sus conversos, que expresaron en las urnas su enojo y sus justificadas quejas, y verían disiparse las ilusiones de rápidas mejoras por los milagros prometidos por su profeta. En un ejemplo concreto, me pregunto cuántos de quienes hace sólo 19 días optaron por el libertario creen que la dolarización, que propuso como inmediata (ahora la ha diferido, al menos, por dos años), significará volver a la convertibilidad de los 90’s y, con ello, que los pesos de sus salarios se transformarán en igual cantidad de dólares.

Con la preocupante personalidad que muestra sin pudor, ¿cómo reaccionaría frente a los frenos que las instituciones -Poder Judicial y Congreso- impondrían a sus demagógicas pretensiones, tan parecidas a las del populismo que dice repudiar? En la misma medida en que conocemos sus controvertidas recetas económicas, ignoramos qué piensa hacer con la seguridad y con el narcotráfico, temas que han tomado un trágico protagonismo y que atraviesan a todas las clases sociales y a todas las jurisdicciones, impulsados por conspicuos asesinatos.

En política exterior, tampoco aporta Milei racionalidad alguna. Ha dicho, públicamente, que rompería relaciones con China y otros regímenes autoritarios y criminales, y que separaría a la Argentina del Mercosur, desvinculándonos de Brasil; o sea, se negaría a hacer negocios con nuestros dos principales socios comerciales. De ser así, ¿qué mercados encontraría para nuestros productos exportables? Sus manifestaciones inducen a pensar que confunde los intereses permanentes de la Argentina con un nuevo alineamiento ideológico, simplemente opuesto al actual, tan condenable.

Nuestro gran problema es la absoluta carencia de seguridad jurídica, que espanta a los inversores nacionales y extranjeros, que necesitamos tanto como el aire que respiramos para salir de esta decadencia en la que estamos inmersos desde hace tantas décadas. Sin ser economista, presumo que el bi-monetarismo (en realidad, la libre elección de la moneda en que se realizarán todas las operaciones) que propone Bullrich producirá, rápidamente, una mejora en ese aspecto, ya que generaría mayor actividad al movilizar una porción importante de los dólares que los argentinos tenemos guardados en cajas de seguridad y colchones varios; una vez garantizada ante el exterior el cumplimiento de los contratos, sin duda llegarán muchos interesados en comprar activos en un país que, en precios internacionales, está verdaderamente barato.

Para ello, y de triunfar Patricia en las urnas, le sugiero no emular a Mauricio Macri y su fallida lluvia de inversiones y, en cambio, negociar con los gobernadores de las provincias con recursos mineros y energéticos, proponiéndoles algo similar a lo que hizo Luiz Lula da Silva cuando, al asumir su primer mandato, enfrentó una inédita salida de capitales: constituyó un fideicomiso con las acciones que poseía el Estado de compañías que cotizaban en bolsas internacionales y lo puso bajo jurisdicción de los tribunales de Nueva York para garantizar el fiel cumplimiento de los contratos. La fuga terminó en 48 horas y las inversiones extranjeras fluyeron nuevamente hacia Brasil, impulsando su continuo crecimiento.

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